Las carreras de automovilismo a veces no terminan cuando se baja la bandera a cuadros, sino cuando se cierran las puertas de los despachos técnicos. Lo que parecía ser una victoria sellada para Marcelo Ciarrocchi en la final del TC2000 disputada en Concordia, Entre Ríos, se transformó rápidamente en un expediente abierto que mantiene en vilo a toda la ciudad de Junín.
El resultado de la competencia ha quedado en suspenso por un plazo perentorio de 96 horas. El motivo no radica en una maniobra antideportiva en la pista, sino en una anomalía detectada durante la exhaustiva revisión técnica posterior a la carrera: la ausencia del canalizador del intercooler en la Fiat Pulse del ganador.
Ante la inminencia de una sanción, la política interna de los boxes comenzó a jugar su propio partido. El propio Ciarrocchi tuvo que salir a dar explicaciones y reconstruir los frenéticos minutos previos a la largada. Según su testimonio, el equipo se vio obligado a realizar un cambio de motor en la Fiat Pulse tras la prueba de tanques llenos. En medio de la urgencia y el reloj corriendo en contra para poder salir a la grilla, los mecánicos omitieron volver a colocar el canalizador.
El argumento de la defensa sumó un respaldo de peso institucional. Gabriel Furlán, el histórico referente y actual responsable técnico de la categoría, explicó públicamente que la falta de este elemento específico no le otorgó ninguna ganancia de potencia o rendimiento al motor del vencedor. Por el contrario, la ausencia del canalizador supone una desventaja aerodinámica y de refrigeración. Sin embargo, en el estricto mundo del reglamento deportivo, la omisión de una pieza homologada suele ser penalizada con la exclusión, independientemente de si generó o no un beneficio en el cronómetro.
Mientras los comisarios deportivos y las autoridades técnicas de la categoría deliberan y elaboran el fallo definitivo, las miradas y la expectativa se trasladan a nuestra ciudad.
Si el reglamento se aplica a rajatabla y Ciarrocchi es finalmente descalificado, el automovilismo juninense vivirá una jornada histórica. El primer lugar del podio y la victoria oficial quedarían en manos de Franco Morillo, coronando una actuación formidable. Pero la reestructuración del clasificador no terminaría allí: el segundo puesto sería heredado por el incombustible Gabriel Ponce de León, sellando un "1-2" espectacular y cien por ciento local en una de las categorías más tecnológicas y competitivas de la Argentina.
Por estas horas, todo está por definirse. La política de los reglamentos tiene la última palabra y Junín aguarda, con calculadora en mano y el grito de festejo atragantado, el veredicto final