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Lunes, 6 Julio 2026
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Escándalo en el Mundial: la FIFA aplica una "amnistía selectiva" que beneficia a Estados Unidos antes de enfrentar a Bélgica
Una polémica maniobra reglamentaria de la entidad madre del fútbol limpia de culpas al goleador norteamericano Folarin Balogun. La trama secreta de un polémico artículo reglamentario, las sospechas de favoritismo y la intervención pública de Donald Trump.
Lunes, 06 de Julio del 2026 - 00:56 hs.
Escándalo en el Mundial: la FIFA aplica una "amnistía selectiva" que beneficia a Estados Unidos antes de enfrentar a Bélgica

En la alta política deportiva, las casualidades rara vez existen. A medida que avanza la Copa del Mundo 2026, los reflectores ya no solo apuntan a las genialidades en el campo de juego, sino a los despachos de la FIFA, donde la transparencia parece haberse convertido en una moneda de cambio. La última resolución en torno a la habilitación de figuras clave vuelve a poner en tela de juicio la credibilidad del máximo organismo del fútbol mundial.

La polémica estalló con fuerza tras la sorpresiva aplicación de un controvertido artículo disciplinario de la FIFA en pleno desarrollo del torneo. El gran beneficiado de esta maniobra es el delantero y goleador de los Estados Unidos, Folarin Balogun, quien tras haber visto la tarjeta roja directa en la instancia previa —un fallo del árbitro brasileño Raphael Claus tras el llamado del VAR, comandado por el venezolano Juan Soto— debía cumplir de manera inmediata una fecha de suspensión.

Sin embargo, el delantero norteamericano saltará hoy a la cancha para disputar el trascendental duelo de octavos de final contra Bélgica. ¿Cómo es posible? A través de la activación de un recurso legal "entre gallos y medianoches".

Los antecedentes de una amnistía invisible

Para comprender el fondo del asunto, es necesario mirar hacia los meses previos al puntapié inicial del Mundial. Bajo un manto de silencio, la FIFA implementó una suerte de amnistía generalizada que dio por cumplidas las sanciones pendientes de aquellos futbolistas que debían uno o dos partidos de suspensión arrastrados de las Eliminatorias. En esa primera tanda de favorecidos figuraron nombres de peso como el ecuatoriano Moisés Caicedo, el qatarí Tarek Salman y el defensor argentino Nicolás Otamendi.

No obstante, el caso testigo que sentó jurisprudencia a medida de los poderosos fue el de Cristiano Ronaldo, quien acarreaba una sanción de tres partidos. Al portugués solo le hicieron cumplir una fecha de manera efectiva, mientras que para las restantes se le aplicó un "artículo antojadizo" que faculta al Comité de Disciplina a dejar en suspenso un castigo por el lapso de un año, volviéndose ejecutable únicamente si el jugador incurre en una nueva expulsión. El paso del tiempo y la inminencia de la cita mundialista hicieron que la maniobra pasara casi inadvertida para la opinión pública.

La foto detenida y el "favoritismo" al anfitrión

El escándalo se reavivó de forma total con la situación de Balogun. Su expulsión admitió una enorme discusión: el VAR le exhibió al juez principal una imagen congelada donde el botín del atacante estadounidense impactaba sobre el tobillo de un rival en una acción visiblemente involuntaria. Pese a las protestas lógicas del plantel norteamericano, la sanción de una fecha quedó firme e inapelable.

Lo que nadie preveía es que la FIFA se animara a aplicar el mismo beneficio de "sanción en suspenso" en pleno corazón del torneo. No se trata de un indulto formal ni de una alteración del fallo original: la suspensión técnicamente persiste, pero su ejecución se congela. Una pirueta legal que abre una canilla libre a la discrecionalidad y que rompe la equidad deportiva frente al resto de las delegaciones.

El agradecimiento de Trump y el papelón institucional

Para sumar tintes grotescos a una trama de por sí escandalosa, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, realizó una declaración pública agradeciendo explícitamente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, por haber "reparado una injusticia".

Este pronunciamiento político no hace más que alimentar las sospechas del mundillo futbolístico, desgastado ya por hitos recientes de dudosa diplomacia, como el polémico "Premio de la Paz" otorgado por Infantino al propio mandatario norteamericano o las rigurosas y controvertidas trabas migratorias aplicadas a diversas delegaciones extranjeras en territorio norteamericano, que incluyeron la inédita deportación de un árbitro internacional.

Con el balón rodando y los intereses económicos en su punto más álgido, la pregunta que resuena con fuerza en los pasillos de la política deportiva es una sola: ¿Hasta qué punto está dispuesta la FIFA a hipotecar la seriedad y la credibilidad de su máxima cita con tal de complacer a los dueños de casa? Hoy, mientras Balogun busque romper las redes belgas, la transparencia del fútbol habrá sufrido su gol más evitable