El pitazo final en Nueva Jersey, que coronó la victoria de España en el Mundial 2026, marcó también el inicio del receso para los protagonistas. Apenas dos días después del cierre de la máxima cita del fútbol, Lionel Messi regresó este martes a la Argentina. Lejos del ruido y las multitudes, el capitán de la Selección Nacional optó por el resguardo de su círculo más íntimo y aterrizó en Rosario bajo un operativo diseñado milimétricamente para esquivar los flashes y garantizar su tranquilidad.
Mientras en el aeropuerto de Ezeiza se desataba la emotiva bienvenida para el cuerpo técnico de Lionel Scaloni y buena parte del plantel, en la ciudad santafesina la escena era completamente distinta: primaron el silencio, la logística de seguridad y un amanecer sigiloso.
El astro rosarino llegó a bordo de un vuelo privado procedente de Miami, acompañado por su núcleo inquebrantable: su esposa, Antonela Roccuzzo, y sus tres hijos, Thiago, Mateo y Ciro. Minutos antes de las 6:30 de la mañana, la aeronave tocó suelo en el Aeropuerto Internacional Islas Malvinas.
Sin embargo, el arribo tuvo una particularidad táctica. Según consignó el diario La Capital, el avión utilizó la nueva pista de la terminal de Fisherton, una ubicación estratégica que dejó a la aeronave fuera del alcance del amplio ventanal del primer piso, el histórico punto de observación de los curiosos.
Esta maniobra dejó con sabor a poco a los fanáticos más madrugadores:
Un grupo de admiradores intentó apostarse en las salidas laterales de la terminal sin éxito.
Quienes ingresaron de madrugada al edificio principal no lograron siquiera avistar el avión del ídolo.
Muchos optaron por resistir en el playón de estacionamiento, esperando algún indicio que nunca llegó.
En menos de media hora, la familia Messi completó los trámites migratorios de rigor. Cerca de las 7:00, bajo la atenta vigilancia de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), se retiraron del lugar a bordo de distintas camionetas polarizadas que ingresaron directamente a la plataforma.
A sus 39 años y tras haber dejado su huella en la sexta Copa del Mundo de su carrera profesional, Messi se dirigió inmediatamente a su residencia en el Kentucky Club de Campo, ubicado en las afueras de Funes. Allí buscará recargar energías y disfrutar del calor familiar antes de reincorporarse a las filas del Inter Miami para retomar el calendario oficial de la MLS.
Un dato político de la delegación no pasó desapercibido en el armado del regreso: Messi no fue el único ausente en el vuelo principal que depositó a la Selección en Buenos Aires. Rodrigo De Paul, quien actualmente también reside en Miami, optó por no abordar el chárter oficial hacia Ezeiza, trazando un camino diferente al del resto de la comitiva nacional en este cierre de ciclo mundialista