En la alta política, como en el mercado de pases, las negociaciones que se dilatan suelen ser un síntoma de dos cosas: o el acuerdo está al borde del abismo, o los intereses en juego son demasiado grandes como para ceder en la primera ronda. La novela de Ángel Correa y River Plate transitó por ambas cornisas, pero finalmente, tras una jornada de teléfonos al rojo vivo y diplomacia deportiva, hubo acuerdo. El delantero campeón del mundo en Qatar 2022 será el nuevo refuerzo del equipo de Eduardo Coudet.
La noticia, que se oficializó en la noche del miércoles y rápidamente encendió la expectativa de las filiales y de los miles de simpatizantes millonarios en Junín, marca el fin de una de las gestiones más complejas del semestre. Correa, de 31 años, abandona el Tigres de México para regresar al país tras 12 años en el exterior, firmando un vínculo contractual extenso que lo ligará a la institución de Núñez hasta diciembre de 2029.
Desde los pasillos del Monumental, fuentes cercanas a la negociación detallaron a este medio que el traspaso no fue sencillo. Del otro lado del mostrador, las autoridades del club mexicano plantearon cambios de condiciones de última hora que amenazaron con hacer caer la sesión.
La operación terminó cerrándose en 15 millones de dólares en todo concepto, aunque desde tierras aztecas filtran que existe una cláusula por objetivos que podría elevar la cifra en 2 millones más. Para destrabar el conflicto, fue necesaria la intervención directa de la cúpula ejecutiva del club: el presidente Stefano Di Carlo y el director deportivo Pablo Longoria tomaron las riendas del cónclave, manteniendo un diálogo ininterrumpido con sus pares mexicanos hasta afinar el lápiz en el contrato.
Correa, quien ya había arreglado sus números personales con River durante unas recientes vacaciones en Madrid, viene de registrar en su última temporada en Tigres un total de 27 partidos, 8 goles y 9 asistencias. Cifras de peso que justifican la fuerte inversión de caja.
La llegada del ex San Lorenzo y Atlético Madrid no es un hecho aislado; responde a una política de estado dentro del club. La directiva busca armar un plantel con un nivel de jerarquía inédito para afrontar una triple competencia feroz: la Liga Profesional, la Copa Argentina y la obsesión mayor, la Copa Libertadores.
El desembarco de Correa corona un mercado de pases ambicioso que ya había sumado a figuras de peso internacional como Nicolás Otamendi, Mauro Arambarri, Giovanni González, Lucas Beltrán y Rafael Santos Borré. Un verdadero "gabinete" de estrellas que el entrenador Eduardo Coudet deberá gestionar y hacer funcionar.
Mientras el delantero vuela hacia Buenos Aires para someterse a la revisión médica y estampar su firma —justo a tiempo para el debut de este sábado ante Barracas Central—, la maquinaria en Núñez no se detiene. La dirigencia aún mantiene abiertos dos frentes de negociación clave: la compleja cruzada por Thiago Almada (con una oferta formal al Atlético de Madrid de 20 millones de euros por el 50% del pase, compitiendo palmo a palmo con el poderío económico del Flamengo) y las tratativas con Vélez Sarsfield por el juvenil Tobías Andrada.
El acuerdo por Correa es, en definitiva, una declaración de principios. River Plate ha decidido romper el mercado, enviando un mensaje claro tanto al plano local como al continental: en un año electoralmente tranquilo para el club, la política es ganar en la cancha.