Un sofisticado pero llamativamente sencillo mecanismo de fraude generó un perjuicio estimado en 38 millones de pesos en una estación de servicio Shell. La investigación permitió establecer que los delincuentes habrían reemplazado el dispositivo utilizado para cobrar a los clientes por un equipo manipulado, lo que habría permitido desviar las operaciones realizadas con tarjetas.
El caso fue detectado a comienzos de mayo, cuando representantes de la empresa realizaron controles sobre los movimientos financieros y advirtieron una diferencia de dinero de considerable magnitud. Ante la sospecha de una maniobra delictiva, se presentó la correspondiente denuncia y comenzó una investigación para determinar cómo se había producido el faltante.
Uno de los elementos centrales para avanzar en el esclarecimiento fueron las cámaras de seguridad instaladas en la estación. El análisis de las imágenes permitió identificar una secuencia considerada clave por los investigadores.
Según la reconstrucción realizada hasta el momento, un hombre llegó al lugar a bordo de un Volkswagen Gol, aparentando ser un cliente habitual. En determinado momento, aprovechando una distracción del personal, habría descendido del vehículo y se habría dirigido hacia el sector donde se encontraban los dispositivos utilizados para procesar los pagos.
En cuestión de segundos, el sospechoso habría retirado el posnet legítimo y colocado en su lugar otro dispositivo que llevaba consigo. De esa manera, los clientes continuaron abonando normalmente sus cargas de combustible, aunque las operaciones habrían quedado registradas a través del equipo adulterado.
La maniobra pasó inadvertida durante un período hasta que los controles contables de la empresa revelaron la magnitud del perjuicio económico.
Ahora, los investigadores trabajan para determinar quiénes participaron de la operación, cómo fueron canalizados los fondos obtenidos mediante el dispositivo intervenido y si el sospechoso que aparece en las imágenes actuó solo o formaba parte de una organización dedicada a este tipo de fraudes.
El caso encendió las alarmas sobre la seguridad de los sistemas de cobro utilizados en comercios y estaciones de servicio, especialmente frente a maniobras que pueden desarrollarse en pocos segundos y sin generar una interrupción evidente en la atención al público.