El jabalí europeo continúa ampliando su presencia en territorio bonaerense y su expansión ya es observada con atención tanto en el sudoeste como en sectores del centro y oeste de la provincia.
La especie, introducida en Argentina hace décadas con fines vinculados a la caza deportiva, posee una notable capacidad de adaptación y reproducción. Su presencia puede generar consecuencias sobre los ambientes naturales, las actividades productivas e incluso representar un riesgo sanitario.
En el sudoeste bonaerense, existen registros y reportes de ejemplares en sectores próximos a Bahía Blanca, Villarino y Patagones, además de zonas serranas.
Productores de distintas áreas han advertido sobre daños ocasionados por estos animales, especialmente durante la búsqueda de alimentos, cuando remueven grandes extensiones de suelo y pueden afectar cultivos, alambrados y otras instalaciones rurales.
El problema no se limita al ámbito productivo. Los jabalíes pueden desplazarse por caminos rurales y rutas, además de aproximarse a sectores periurbanos atraídos por la disponibilidad de agua y alimentos.
El jabalí cuenta con una dieta muy variada y una gran capacidad para adaptarse a diferentes ambientes. Estas características favorecen su expansión y dificultan el control de sus poblaciones.
Su presencia en la provincia tiene antecedentes de varias décadas. La especie fue introducida inicialmente en La Pampa, a comienzos del siglo XX, para la práctica de la caza mayor, y posteriormente comenzó a extenderse hacia otras regiones.
En territorio bonaerense se han detectado poblaciones en sectores como la Bahía de Samborombón, la Cuenca del Salado, Ventania, Tandilia y el sudoeste provincial, mientras los reportes sobre su presencia también alcanzan distintas zonas del centro-oeste.
Uno de los aspectos que más preocupación genera es el riesgo sanitario asociado al consumo de carne de animales silvestres sin los controles correspondientes.
En julio, un brote de triquinosis registrado en Mayor Buratovich, partido de Villarino, afectó a más de 50 personas que habían consumido chacinados elaborados con carne proveniente de un jabalí silvestre.
El episodio volvió a poner en primer plano la necesidad de extremar los controles y de realizar los análisis correspondientes antes de consumir productos elaborados con carne de animales de caza.
Ante el crecimiento de las poblaciones, el Gobierno bonaerense habilitó la caza plaguicida como una de las herramientas destinadas al control de la especie, aunque su aplicación está sujeta a determinadas condiciones y medidas de seguridad.
La normativa establece restricciones claras y prohíbe esta actividad en zonas urbanas, suburbanas y en aquellos lugares donde exista presencia habitual de personas.
El avance del jabalí plantea, así, un problema que excede a los productores rurales. El desafío pasa por conocer con mayor precisión dónde están las poblaciones, hacia qué sectores se desplazan y qué impacto producen sobre los cultivos, los ambientes naturales y la actividad humana.