El fútbol argentino es una usina inagotable de historias de pasión desmedida, de esas que rozan la locura y desafían cualquier lógica cotidiana. Pero pocas pueden igualar el trasfondo que rodea la llegada de David Trezeguet a River Plate en diciembre de 2011. El mito urbano, que durante años recorrió los pasillos del Monumental y las peñas futboleras, finalmente fue confirmado por su propio protagonista: el delantero priorizó cumplir el sueño de su vida por encima de su matrimonio, al punto de que su fichaje fulminante aceleró su divorcio.
En una reciente charla con La Página Millonaria, el atacante nacido en la ciudad francesa de Ruán abrió el archivo de su memoria para repasar aquel momento bisagra en el que el club de sus amores sufría el trago más amargo de su historia en la B Nacional.
Por entonces, la vida personal de Trezeguet transitaba un andarivel complejo. "Yo estaba en pleno divorcio. En 2010 empiezo mi proceso de divorcio. Me traslado a Emiratos Árabes, no te digo con la idea de reconciliación, pero un poco el ver qué sucedía", relató el exjugador de la Juventus y el Mónaco sobre sus días previos al desembarco en Núñez.
Sin embargo, cuando el Millonario cruzó su camino, las dudas sentimentales se evaporaron de inmediato. Lejos de buscar un consenso familiar o una tregua en su relación, el instinto competitivo y el fanatismo pesaron más que cualquier otra cosa: "Cuando viene lo de River, no hubo reflexión mía para compartir este pensamiento hacia mi mujer en ese momento. Fue: 'Me voy a River y me voy a Argentina'. No hubo modo y al mes firmé. Yo quería cumplir mi sueño". La jugada fue quirúrgica y letal: con la camiseta de la banda roja disputó 37 partidos y firmó 17 goles vitales para devolver al club a la máxima categoría.
El panorama no sólo era turbulento puertas adentro de su hogar, sino también en su círculo más íntimo. Los temores lógicos del contexto nacional tampoco ayudaban a calmar las aguas. "Había una duda de parte de mis viejos también, de venir a River, a Argentina, en el momento que estaba viviendo River, por el lado del peligro", recordó sobre los recelos familiares ante un país convulsionado y un equipo que atravesaba su hora más oscura.
No obstante, la convicción del exgoleador galo era inquebrantable: "No hubo reflexión de mi lado. Yo me vine a River porque quería cumplir mi sueño y nadie ni nada me lo iba a impedir".
Para cerrar el círculo de una de las anécdotas más cinematográficas del deporte nacional, Trezeguet dejó una reflexión tan cruda como sincera sobre el peso de las decisiones drásticas: "Soy de los que creen que cuando uno va a un club, la opinión familiar es importante, pero también al mismo tiempo es algo propio. Y si vos estás bien y emanás ese lado positivo, el entorno va a estar bien en automático. Bueno, yo no tuve ese acompañamiento, entonces fue una decisión también que me empujó a divorciarme y venir a River".
Una historia de amor incondicional... aunque, en este caso, el único y verdadero gran amor haya sido una pelota de fútbol y una camiseta blanca con una franja roja cruzando el pecho.