El mítico estadio Maracaná se vestirá de gala este martes para albergar una noche de Copa con aroma a final anticipada. Desde las 21.30, Boca Juniors visitará a Vasco da Gama por el partido de vuelta de las semifinales de la Copa Sudamericana, con la difícil pero no imposible misión de dar vuelta la serie tras el 0-1 sufrido la semana pasada en La Bombonera.
La parada no es sencilla. El suelo brasileño es una auténtica aduana maldita para el Xeneize en los últimos años: no gana allí desde el 2 de diciembre de 2020, cuando venció por la mínima a Internacional en Porto Alegre. Desde entonces, acumula una mochila pesada de 11 partidos sin conocer la victoria en el vecino país. Sin embargo, el equipo de Rodolfo Arruabarrena sabe de rebeldías y viene de dar una muestra de carácter en los cuartos de final, cuando logró una festajada clasificación en el mismísimo Morumbí ante San Pablo.
La gran duda: el corazón y la jerarquía de Paredes
El gran interrogante de la previa pasa por el estado físico de Leandro Paredes. El capitán y alma futbolística del equipo trabaja acontrarreloj para recuperarse en tiempo récord de un desgarro grado II en el isquiotibial derecho sufrido ante Instituto. Si bien sabe que no llegará al 100%, su enorme jerarquía y el peso específico del encuentro lo empujan a querer estar. El "Vasco" Arruabarrena definirá a último momento si arriesga de entrada con su número 5 o si prefiere mandarlo al banco de suplentes como carta de peso para el complemento.
Más allá del capitán, el once inicial también podría tener otras variantes tácticas. Alan Velasco, ya recuperado de su lesión ante Unión, pelea mano a mano un lugar en la ofensiva con Sebastián Villa, mientras que Miguel Merentiel tiene grandes chances de retornar a la titularidad en reemplazo de Enner Valencia para aportar peso en el área rival. En la ida, a pesar de las bajas y de haber sentido la ausencia de su líder, Boca generó situaciones para empatar, pero le faltó eficacia. Ahora, está obligado a ganar por un gol para forzar los penales, o por dos para sellar la clasificación directa.
Un escenario hostil y un rival golpeado
Del otro lado estará un Vasco da Gama que llega con el ánimo sacudido tras caer por la mínima ante San Pablo por el Brasileirao, un traspié que cortó una racha de siete encuentros sin derrotas y lo dejó 15°, apenas tres puntos por encima de la zona de descenso. Pese a ese andar irregular a nivel doméstico, el conjunto carioca mantuvo la solidez que mostró en La Bombonera y se espera que el entrenador Pedro Emanuel repita la base de aquel equipo, a la espera de la evolución física de Paulo Henrique, una de las figuras de la ida que debió salir lesionado el fin de semana.
El encuentro estuvo envuelto en idas y vueltas políticos en la previa. Ante la imposibilidad de utilizar su estadio —el São Januário no cumple con los requisitos de CONMEBOL para esta instancia—, Vasco solicitó mudar la localía al Maracaná. Aunque el Consorcio Fla-Flu S.A. intentó frenar la mudanza, la Justicia de Río de Janeiro falló a favor del club brasileño.
Así, el escenario quedó montado para una verdadera caldera: 70 mil hinchas locales empujarán al dueño de casa, mientras que cuatro mil valientes simpatizantes xeneizes dejarán el alma en las tribunas buscando el grito sagrado. Boca va por la épica, esa que exige su historia copera, para volver a meterse en la final de un torneo internacional, una instancia que no pisa desde aquel ya lejano 2005. El sueño está en marcha.