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El ocurrente colectivo
La Era Contemporánea ha muerto
Por: Juan José Chano Plano.

Los libros de historia nos enseñaron sobre las Edades Prehistórica, Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. El concepto de modernidad en el sentido de lo novedoso ha perdurado en el tiempo, pero la Edad Moderna como tal comenzó a irse en 1789 con la caída del rey Luis XVI de Francia. Se hizo paso entonces la mal llamada Edad Contemporánea y la verdad es que en poco y nada se le parece a la actual. Aunque suene increíble a los historiadores se les escapó la tortuga. Según el diccionario la palabra contemporáneo significa: Existente en la misma época. Toda persona de cualquier tiempo que hubiere vivido lo hizo contemporáneamente a su época. Mal podría llamarse a un período histórico con ese nombre, porque es de suponer ‘per se’ que jamás tendría fin.


Se la podría definir mejor como Pos-Moderna, porque sin dudas algo nuevo y diferente comenzó tras la Revolución Francesa. Tan cierto como que el mundo cambió nuevamente en el siglo XX, el Pos-Modernismo se fue haciendo antiguo con gran vertiginosidad. Los ciclos cada vez duran menos, no hay más que razonar un cuadro donde figuren todos con sus inicios y fines. 


Hoy por hoy estamos en una nueva Era que podríamos anticiparla como Cibernética, hay quien opina que Informática es más abarcadora. Al cuento no creo que cambie la ecuación. 


¿Cuándo comenzó la Era Cibernética o Informática? 

Bueno eso no está tan claro, sobre todo porque no han faltado eventos importantísimos como para disputarle el título. Pero muy bien pudo ser la Segunda Guerra Mundial, el arribo del Hombre a la Luna, la Computadora Personal, la Internet, el ADN, los celulares, la nanotecnología, y varios etcéteras más.


Los cambios de épocas no poseen pautas científicas. No existe una estandarización que parametrice si estamos o no en otro estatus político-social-cultural diferente. Generalmente se ha tendido al sopeso de hechos y o transformaciones que de una forma intempestiva o gradual terminan por trastocar el mundo. A punto tal logra instalarse el nuevo paradigma que una vez en él sería impensado volver al anterior.


Personalmente, se me ocurre definir que ese es un axioma válido al momento de precisar un cambio de época.  Si al tiempo de elección se aprecia la imposibilidad de que la sociedad civilizada pueda volver al pasado, estamos ante una nueva era. Por ello descarto en mi análisis La Segunda Guerra Mundial y la llegada a la Luna; en caso de no haber ocurrido el mundo no los hubiera lamentado. Máxime en el primer caso. Amparado en esa línea de pensamiento hay dos o tres hitos de los que la gente no estaría dispuesta a devolverlos a la historia como si no hubieran ocurrido. Son la PC, la internet y los celulares, y a la hora de elegir uno me quedo con la primera porque su revolución sin sangre ha permitido las otras dos.


Convengamos que jamás hubiera sido posible la web y los smartphones, sin antes la existencia de la CPU y la notebook. Me sostengo en los ordenadores populares y no tanto en las grandes computadoras porque la revolución se sustentó en la masividad de su bajo costo. Y para darle un inicio más o menos caprichoso, digamos que en algún momento que pudo ser 1990 los usuarios universales cayeron a cuento que ya no podrían vivir sin ellas. Amor a primera vista, por lo menos hasta el próximo modelo.


Fue cuando la Era Pos-Moderna, (como yo la llamo o Contemporánea como los libros establecen), indubitablemente terminó abdicando en favor de la Era Cibernética. 


Pero eso no significó que aquella desapareciera por completo. Mientras una parte de la civilización cambiaba hacia el nuevo tiempo, otra mucho menos propensa a la mudanza, se cerró a la banda de los aggiornamentos por longevidad o simple desapego a mandarse con el rebaño. Faltaba un evento incontrastable, algo que convenciera a cada quien se resistía y a mi entender vino a suceder una pandemia que mató al posmodernismo.  


Con la llegada del Coronavirus, ¿quién no terminó doblegándose a las cadenas y los grupos de WhatsApp? A ver los nietos por Zoom, y a gestionar los fastidiosos e-permisos exigidos por los gobiernos. ¿Quién no estiró la mano hacia arriba para sacarse una selfie, a pesar que aún no lo aprobó la Real Academia Española? ¿Quién no ha comprado por Mercado Libre, aunque fuere con la tarjeta de su hijo? Si hasta más de una maestra, aprendió con sus alumnos eso de dar una clase virtual. ¿Y acaso no han mirado de reojo algún tic-tok de la nena, o el recital callejero o la misa del padre Emiliano? 


Por eso creo que ni para los más resistidos al cambio, ha quedado vivo un minuto contemporáneo. Bienvenidos todos y totalmente a la nueva Era, sea la Cibernética o como dentro de cien años se llame.


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