El Monumental no será el mismo. El River Plate que despierte en 2026 habrá transitado una transformación quirúrgica, una reforma estructural que busca enterrar de una vez por todas la cultura del privilegio sin mérito. La derrota, esa compañera amarga de la última campaña, no solo dejó la amargura de los objetivos incumplidos, sino la certeza de que el modelo de gestión estaba agotado. La nueva conducción de Stefano Di Carlo, con Marcelo Gallardo ejerciendo un rol protagónico como CEO futbolístico, ha decidido jugarse a una carta radical: los contratos de los futbolistas profesionales ya no se escribirán con la misma tinta.
La directiva comunicó de manera interna y contundente: se impone un tope salarial fijo. A partir del ciclo 2026, la hoja de ruta económica de cada jugador estará dividida en dos aguas. Un 60% de su ingreso será la base, el suelo seguro. El 40% restante, sin embargo, será un territorio a conquistar partido a partido, con goles, títulos, minutos en cancha y clasificaciones internacionales. Es un giro copernicano que busca reinstalar una meritocracia feroz en el vestuario.
El mensaje es transparente: en el River que se viene, se gana según lo que se aporta. La medida apunta directamente a desarticular los llamados "contratos inflados", aquellos que en los últimos años generaron una burbuja de costos y, lo que es peor, una zona de confort para futbolistas que permanecían en el plantel sin ser tenidos en cuenta, protegidos por ingresos que en ningún otro club podrían igualar. La comodidad, deja de ser un derecho adquirido.
Esta revolución contractual viene acompañada de un ajuste en otro flanco sensible: las comisiones de los representantes. El porcentaje bajará del 7.5% al 5%, un movimiento que responde a una política de austeridad y a la intención de sanear las finanzas del club.
La purga: los nombres que no estarán
Mientras se diseña el futuro, el presente se somete a un escrutinio implacable. Gallardo y la dirigencia ya tienen en marcha el rediseño del plantel para esta ventana de transferencias, un proceso de limpieza que afectará a varias figuras.
La lista de los que tienen un pie fuera es elocuente. Federico Gattoni volverá a Sevilla tras su préstamo. Miguel Borja, relegado a un plano secundario y sin chances de recuperar la confianza del técnico, analiza ofertas para irse. Junto a ellos, un grupo de referentes que marcaron una época verá concluir su ciclo: Ignacio Fernández, Gonzalo ‘Pity’ Martínez y Milton Casco. La excepción en este grupo de veteranos podría ser Enzo Pérez, el único con posibilidades de extender su vínculo.
La incertidumbre también se cierne sobre otros integrantes. Fabricio Bustos podría buscar salida ante la feroz competencia que generará el regreso de Gonzalo Montiel. Paulo Díaz, ya sin la titularidad, podría ser transferido si llega una oferta tentadora. Y Sebastián Boselli, de regreso sin haber logrado consolidarse, tendrá que convencer a la dirección deportiva para evitar otra salida.
El mercado: las caras que pide Gallardo
Con las bajas planificadas, el cuerpo técnico ha definido con precisión milimétrica los refuerzos necesarios. Gallardo ha solicitado la incorporación de un mediocampista central, un lateral izquierdo, un volante ofensivo o mediapunta y un delantero neto.
En el radar de la institución sobresalen dos nombres que ilusionan. La chance de repatriar a Claudio "El Diablito" Echeverri se presenta como una opción tentadora. El ex Sarmiento de Junín no logró consolidarse en el Bayer Leverkusen y su situación pide a gritos un reinicio. Su pase pertenece al Manchester City, lo que complica la operación, pero la voluntad es explorar la viabilidad.
Para la delantera, otro nombre familiar emerge con fuerza: Luciano Gondou. El goleador, tras una temporada irregular en el Zenit de San Petersburgo, aparece como una alternativa para potenciar el ataque.
Es el amanecer de una nueva era. Una que promete un River más austero, más joven, con las cuentas claras y los jugadores con el termómetro del rendimiento pegado al salario. Una apuesta a refundar la grandeza no desde el cheque en blanco, sino desde el sudor y el compromiso. El mensaje está lanzado: en el Monumental, a partir de ahora, solo se paga por resultados