En la quietud de Lima, con el eco de una final continental resonando a la vuelta de la esquina, Abel Ferreira se permitió el lujo de la cirugía precisa. No habló como rival, sino como un analista frío que tuvo en sus manos el termómetro para medir la fiebre de un gigante. Su diagnóstico, expuesto en una entrevista con ESPN, es una sentencia que en River duele más que cualquier eliminación: el equipo que derrotó en 2021 no es el mismo al que venció este 2025. Y la razón de fondo no es el hombre del costado.
“El entrenador es el mismo, su forma de pensar el juego no cambió, es la misma”, aclaró el portugués, descartando de un plumazo cualquier debate sobre la vigencia de Marcelo Gallardo. El veredicto, entonces, apunta al corazón mismo de la institución: los jugadores. “Lo que marca la gran diferencia son los jugadores, y yo también creo en eso”, insistió, esgrimiendo una verdad de Perogrullo que en Núñez suena a epitafio.
La comparación no es solo numérica, es visceral. Aquel River de 2021, con la furia juvenil de Julián Álvarez llegando desde el banco, la garra de Enzo Pérez y la pegada letal de Borré, logró poner contra las cuerdas al mismo Palmeiras. Fue una derrota con honor, una serie ajustada donde el 3-0 en Buenos Aires y el 2-0 en Brasil escondían una batalla de igual a igual. Era un equipo con "energía", define Abel. Jóvenes, frescos, hambrientos.
Frente a eso, el River 2025 que alineó Gallardo en los cuartos de final de este año fue una versión desdibujada, un equipo "muy bien entrenado, muy experimentado", pero al que le faltó el pulso vital. La sangría de figuras clave, que Ferreira invita a recordar con un "solo miren a dónde fueron vendidos", dejó una estructura sólida, pero sin el voltaje necesario. El resultado fue una eliminación sin atenuantes: un global de 5-1 que reflejó un abismo.
El análisis de Ferreira trasciende el partido y se clava como un dardo en el modelo de River. Mientras el Verdao se apresta a jugar su segunda final consecutiva, el Millonario cierra un 2025 desastroso: fuera de todo, sin títulos y con la temprana eliminación en el Mundial de Clubes. Es el año en el que el proyecto deportivo chocó contra la realidad. La planificación no pudo reemplazar el talento y la garra que se vendieron.
Abel Ferreira, sin quererlo, escribió la crónica más honesta de la decadencia. No hizo falta que mencionara los nombres de los cinco históricos que se fueron; su sola mención a las ventas fue suficiente. El mensaje está claro: los entrenadores ayudan, construyen, guían. Pero en el campo, en el momento de la verdad, son los jugadores los que escriben la historia. Y River, en 2025, se quedó sin sus plumas más finas