La carrera de Miguel Gamondi es un mapa de resistencias y adaptaciones. Nacido en Olavarría hace 59 años, su primer contacto con el fútserio fue en las divisiones juveniles de Boca Juniors, bajo la tutela de Julio Santella. Allí, entre ejercicios de potencia y piques bajo el sol de Casa Amarilla, jamás imaginó que su destino se escribiría a más de diez mil kilómetros, en los terrenos ardientes del fútbol africano.
Este domingo, a las 13 hora argentina, Gamondi dirigirá el partido más importante de su vida: Tanzania, la selección que comanda, enfrentará al anfitrión y candidato Marruecos por los octavos de final de la Copa Africana de Naciones. Un desafío descomunal para un equipo que nunca antes había superado la fase de grupos en el torneo continental.
Su viaje al otro lado del mundo comenzó con un puente: el representante Sergio Mandrini, exjugador de Ferro, lo vinculó con Oscar Fulloné, el histórico técnico argentino que forjó leyenda en África. Esa conexión lo llevó primero a Burkina Faso como preparador físico, y después al banquillo junto a Ángel Cappa en los sudafricanos Mamelodi Sundowns. Luego vendrían experiencias en Argelia, otra vez en Marruecos con el Wydad, y finalmente Tanzania, donde se coronó campeón de liga con el Young Africans.
Hoy, Gamondi acumula una rareza en el fútbol moderno: dirige simultáneamente a la selección tanzana y al Singida Black Stars de la primera división local. Un doble rol que exige logística extrema y convicción a prueba de todo.
La campaña en la Copa Africana refleja su temple. Tanzania debutó con una derrota ajustada ante Nigeria (1-2), luego empató con Uganda y logró el punto clave frente a Túnez (1-1), un rival que jugará el próximo Mundial. Esos dos puntos bastaron para clasificar como uno de los mejores terceros, un hito histórico para el cuadro de las Estrellas del Taifa, que en doce partidos previos en el torneo nunca había ganado (siete derrotas, cinco empates).
En conferencia de prensa, Gamondi destacó el significado de este logro: “Clasificar es una gran lección para Tanzania, que debe estar orgullosa. Espero que esto sirva de recordatorio a estos jugadores y a la próxima generación sobre el potencial del fútbol tanzano”. Reconoció, además, la inmediatez de su labor: “No tuve tiempo suficiente para preparar al equipo, pero trabajamos junto con la directiva y la federación y nos sentimos muy orgullosos. No solo por mí, sino por el país”.
Tanzania ocupa el puesto 112 del ranking FIFA, nunca ha clasificado a un Mundial y fue eliminada temprano en las Eliminatorias para 2026. Marruecos, en cambio, es el rival más temible: líder de su grupo con siete puntos, local y con victorias contundentes en los últimos enfrentamientos entre ambos (2-0 en dos ocasiones durante las clasificatorias).
Pero Gamondi conoce el terreno. Sabe que en África, donde una vez llegó sin saber que encontraría su lugar en el mundo, los milagros a veces se parecen a un trabajo bien hecho. Este domingo, desde el banquillo, buscará escribir el suyo