Los números fríos hablan de un alivio. En el tercer trimestre de 2025, la pobreza en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó al 13,7% de los hogares y al 17,3% de las personas. Esto marca una reducción interanual de 334.000 personas que salieron de esa condición, la cuarta baja consecutiva según el organismo oficial de estadística. El motor principal habría sido que los ingresos, en promedio, lograron superar el ritmo de la inflación. Este movimiento permitió una expansión clara de los sectores medios y, con mayor ímpetu aún, de los estratos acomodados, cuya participación en la población creció más de seis puntos porcentuales.
Sin embargo, detrás de ese promedio que se contrae, se endurece una realidad distinta. La pobreza tiene geografía y edad. En la Zona Sur de la Ciudad, uno de cada cinco hogares (21,8%) permanece bajo la línea de pobreza. Pero el dato más crudo lo aporta la población infantil: el 27,1% de los niños, niñas y adolescentes de hasta 17 años vive en hogares pobres. Son aproximadamente 190.000 personas en esa franja etaria. Aunque el número bajó respecto de un año atrás, significa que casi tres de cada diez chicos en la capital más rica del país enfrentan carencias económicas estructurales. La situación se agrava a medida que aumenta la cantidad de menores en el hogar.
La indigencia, el escalón más severo de la pobreza, afecta al 4% de los hogares (55.000) y al 5,3% de las personas (164.000). El ingreso per cápita familiar promedio en estos hogares es de apenas $93.428, una cifra que ilustra la profundidad del déficit. Para sacar de la pobreza a un hogar tipo, según los cálculos oficiales, se necesitaría una transferencia mensual de $388.031, equivalente al 37,8% del valor de la canasta básica total.
El contraste define la nueva composición social porteña. Mientras los sectores pobres y vulnerables se reducen, crecen con fuerza las categorías medias y altas. Los sectores medios, la denominada “clase media”, ahora concentran más de la mitad de los hogares de la Ciudad (51,4%) y casi el 49% de la población. Pero el salto más espectacular lo dieron los sectores acomodados: hoy representan el 16,1% de los hogares y el 12,6% de las personas, un aumento de más de ocho puntos en hogares respecto al año anterior. La Ciudad parece bifurcarse: una porción significativa asciende y consolida su bienestar, mientras otra, aunque numéricamente menor, lucha por salir de una base de privaciones muy arraigada, particularmente en los barrios del sur y en las familias con niños.
Este panorama local choca con la discusión a nivel nacional, donde la medición oficial de pobreza del primer trimestre del año pasado (31,6%) es cuestionada por analistas y consultoras privadas. Estas fuentes argumentan que cambios metodológicos, como la desactualización de la canasta básica, sobreestiman la mejora. Según sus estimaciones, la pobreza real habría estado entre el 40% y el 42%, muy por encima de la cifra oficial. Esta polémica técnica pone en relieve la dificultad de medir con precisión un fenómeno complejo y suscita llamados a una actualización de las metodologías para ganar confiabilidad y comparabilidad en las estadísticas.
La Ciudad de Buenos Aires exhibe, así, un doble movimiento. Por un lado, un dinamismo económico que permite la movilidad social ascendente de una parte importante de su población. Por el otro, la resistencia de bolsones de pobreza que se vuelven estructurales, especialmente donde viven los más jóvenes. El promedio mejora, pero la grieta entre los que suben y los que se quedan atrás persiste, dibujando dos realidades en una misma urbe