La pregunta se volvió habitual en comercios, ferias y mostradores: ¿se termina el efectivo en 2026? Es difícil imaginar que los billetes desaparezcan de golpe, pero sí es verosímil que pierdan el rol “por defecto” frente a los pagos digitales. En Argentina, el cambio no depende solo de la tecnología: depende de hábitos. Cada vez más personas resuelven pagos desde el celular con QR o transferencias, y esperan poder hacerlo en cualquier negocio. En ese contexto, Nave Negocios aparece como una alternativa para comercios que quieren alinearse con lo que el cliente ya tiene incorporado: pagar rápido, sin buscar cambio y sin fricción.
Un punto de partida es el estudio “Los argentinos y los medios de pago en 2024”, realizado por Kantar Insights y difundido por IAB Argentina. El informe muestra que el 75% de los argentinos mayores de 18 años tiene al menos una billetera digital. La adopción, entonces, ya no es un fenómeno de nicho: se volvió masiva.
Hay otro dato que ayuda a entender la profundidad del cambio: el 73% de los adultos posee dos o más billeteras. Eso sugiere que el usuario compara beneficios, alterna según promociones y elige por conveniencia. Ya no se trata de “descargar una app”, sino de incorporar un modo de pago en la vida cotidiana.
En paralelo, crece una conducta que hace unos años parecía reservada a públicos más financieros: el 65% declara que coloca dinero en cuentas electrónicas para obtener rendimiento sin perder disponibilidad. En un país donde cada peso importa, la idea de que el saldo “trabaje” empuja a que el ecosistema digital sea más atractivo, y eso termina impactando en cómo se paga: si el dinero está en la billetera, lo natural es usarla al momento de comprar.
Cuando se habla de 2026, no se plantea una fecha mágica, sino una tendencia que se acelera. Proyecciones del mercado ya anticipan que el efectivo podría reducir su participación y quedar por debajo de las billeteras en cantidad de transacciones diarias, sobre todo en compras frecuentes y de monto medio o bajo. Aun si el billete sigue existiendo como “respaldo”, la escena se invierte: más gente llega a pagar con el celular, y cada vez menos lleva efectivo “por las dudas”.
En términos simples, el “fin del efectivo” suele significar esto: que deja de ser el método que se asume automáticamente. Se usa cuando conviene o cuando no hay señal, pero ya no define la experiencia de compra. Para muchos consumidores, pagar con QR es tan habitual como enviar un mensaje.
La transformación se consolida cuando el comercio se adapta. Si un negocio no ofrece cobros digitales, aparece un riesgo muy concreto: perder ventas por fricción. El cliente no siempre se va enojado; a veces compra menos, posterga la compra o elige otro local que sí tenga un medio de pago compatible con su rutina.
Por eso, cada vez más comercios arman un “combo” que cubre distintos momentos de venta.
El QR funciona por velocidad y porque evita el problema del cambio. Para un local con alta rotación, lo importante es que el cobro sea simple, que el código esté visible y que la acreditación sea clara, para evitar confusiones en horas pico.
El link de pago permite convertir una conversación en una venta. Es útil para emprendedores, profesionales y negocios que toman pedidos a distancia, cobran señas o coordinan entregas. También reduce la dependencia de “pasate por el local”, algo valioso cuando el cliente quiere resolver todo desde el celular.
Aunque el pago digital crece, la tarjeta sigue siendo parte del mix, sobre todo cuando hay cuotas o compras grandes. En esos casos, contar con una terminal moderna y pagos sin contacto suma competitividad.
Nave, en particular, comunica soluciones orientadas a comercios: cobro con QR, link de pago, alternativas para vender online y una terminal para tarjetas. La idea de fondo es facilitar el cobro y centralizar la gestión para que el negocio no tenga que “inventar” un sistema distinto para cada canal.
Con la masificación también aparecen desafíos. A mayor uso de QR y billeteras, más importante es cuidar la seguridad: evitar códigos manipulados, confirmar siempre el pago acreditado y entrenar al equipo para revisar movimientos antes de hacer devoluciones. En paralelo, gana peso la interoperabilidad: el cliente quiere elegir con qué billetera paga, y el comercio necesita un esquema que no lo deje atado a una sola opción.
El mapa de pagos ya cambió: el efectivo sigue, pero cada vez más como excepción. Para los comercios, la clave es acompañar esa costumbre que crece: pagar con el celular, de forma inmediata, en el lugar que sea.