El tenis, como la política, entiende de ciclos, de hegemonías y de momentos bisagra donde la historia cambia de manos. Lo que sucedió este domingo en el Rod Laver Arena no fue solo un partido; fue la confirmación de un nuevo orden mundial. Carlos Alcaraz venció a Novak Djokovic en la final del Australian Open 2026 por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5, conquistando así su séptimo título de Grand Slam y el primero en tierras oceánicas.
El murciano, heredero natural de la mística de Rafael Nadal, logró lo que parecía imposible: derribar al "Rey de Melbourne" en su propio jardín. A sus 38 años, Djokovic buscaba su título número 25 de Grand Slam y la décima corona en Australia, donde jamás había perdido una final (tenía un récord de 10-0 en definiciones). Sin embargo, la juventud y la potencia del español terminaron imponiéndose en una batalla física y mental.
Tras un inicio dividido, con un primer set para el serbio y una recuperación idéntica del español en el segundo, el encuentro encontró su punto de ebullición en el tercer parcial. Fue en el cuarto game donde se vivió lo que la transmisión oficial y los expertos no dudaron en calificar como "el punto del campeonato".
Con el marcador igualado, Alcaraz desplegó una ofensiva feroz que obligó a Djokovic a cubrir cada centímetro de la pista, defendiéndose con esa elasticidad que desafía a la biología. El serbio llegó incluso a devolver una pelota por fuera de la red, pero no pudo contener el último embate del español.
Alcaraz, consciente de la magnitud del momento, se llevó la mano a la oreja exigiendo la ovación del estadio, mientras Djokovic quedaba paralizado en la cancha, reconociendo —quizás por primera vez en la noche— que el muro era franqueable.
Más allá de la tensión competitiva, la final regaló pasajes de un virtuosismo técnico exquisito. En el inicio del tercer set, el público fue testigo de una secuencia de manual. Tras una dejada corta de Djokovic y un globo ofensivo posterior, Alcaraz respondió con una "Gran Willy" (golpe de espaldas entre las piernas). Aunque el serbio, siempre bien ubicado, terminó ganando ese punto con una volea cruzada, la ovación fue generalizada. Fue la prueba de que, incluso en la máxima tensión, había margen para el espectáculo.
La rivalidad entre ambos ya es un clásico moderno. Si bien el historial general sigue favoreciendo levemente a Djokovic (5 victorias contra 4), la tendencia reciente es clara. Alcaraz ya lo había vencido en las finales de Wimbledon 2023 y 2024, y en las semifinales del US Open 2025.
Para Djokovic, quien venía de caer en semifinales en las ediciones 2024 (Sinner) y 2025 (Zverev), esta derrota marca un freno en su carrera por el título 102. Para Alcaraz, significa la consolidación definitiva. El español no solo ganó un trofeo; ganó la batalla psicológica contra el mejor tenista de la historia en canchas duras, demostrando que el futuro ya llegó.