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El empresario que desafió la lógica: empezó a correr a los 38 años y llegó a la Fórmula 1 para compartir pista con Schumacher
Chanoch Nissany era un hombre de negocios israelí sin experiencia previa en karting. Una tarde en Hungría decidió cambiar su destino. Billetera, perseverancia y una "quijotada" automovilística que culminó con un debut oficial a los 42 años, un hecho que hoy sería imposible de repetir.
Domingo, 01 de Febrero del 2026 - 18:20 hs.
El empresario que desafió la lógica: empezó a correr a los 38 años y llegó a la Fórmula 1 para compartir pista con Schumacher

En el deporte de alto rendimiento, y específicamente en el automovilismo, la lógica suele ser implacable: se empieza de niño, se escala en la adolescencia y se triunfa (o no) en la juventud. Pero toda regla tiene su excepción, y la historia de Chanoch Nissany es la prueba de que, a veces, la obsesión y el respaldo económico pueden torcer el destino.

Esta historia, que parece salida de un guion inverosímil, comenzó el 19 de agosto de 2001 en el circuito de Hungaroring. Mientras Michael Schumacher consolidaba su leyenda con Ferrari, en la tribuna había un espectador diferente. Nissany, un empresario inmobiliario israelí radicado en Budapest, miró a su amigo y soltó una frase que provocó risas: "Quiero ser piloto de Fórmula 1". Tenía 38 años. Nunca se había subido a un karting. Su amigo le recomendó tomar su medicación y volver a casa. Nissany hizo lo contrario: empezó de cero.

El ascenso vertiginoso (y financiado)

Nissany no tenía tiempo que perder. Con el apoyo de una empresa de cosméticos y una sólida posición económica personal, quemó etapas a una velocidad inusitada. Hizo el curso de piloto, sacó la licencia y debutó en la Fórmula 2000 húngara en 2002. Para 2003 ya era campeón de la categoría.

Su periplo lo llevó a compartir asfalto con talentos argentinos. En 2004, al saltar a la Fórmula 3000 (hoy Fórmula 2), se encontró en pista con José María "Pechito" López y Esteban Guerrieri. La diferencia de edad y talento era palpable: Nissany se enfrentaba a jóvenes que llevaban toda su vida preparándose para eso, mientras él aprendía sobre la marcha.

El sueño del F1: de Jordan a Minardi

El dinero abre puertas, y en la Fórmula 1 de mediados de los 2000, las abría de par en par. El 15 de julio de 2004, Nissany probó un Jordan EJ14 en Silverstone.

Aunque sus tiempos estuvieron lejos de los pilotos titulares (quedó a 18 segundos de Kimi Räikkönen en ese test), la maquinaria ya estaba en marcha. Su destino final sería Minardi, la escudería de Faenza que históricamente sirvió de puerta de entrada para muchos pilotos (incluidos los argentinos Tuero y Mazzacane), pero que en 2005, bajo el mando del magnate Paul Stoddart, necesitaba imperiosamente inyección de capital para sobrevivir su última temporada antes de convertirse en Toro Rosso.

El día del juicio: Hungría 2005

La cita con la historia llegó el 29 de julio de 2005. El día de su cumpleaños número 42, Nissany se subió al Minardi para disputar la Práctica Libre 1 (FP1) del Gran Premio de Hungría. Jugaba de "local" y se convertía en el primer israelí en participar en un fin de semana oficial de Gran Premio.

La realidad, sin embargo, fue dura. La diferencia de velocidad con la élite fue abismal. Mientras el resto de la parrilla volaba, Nissany luchaba por mantener el auto en pista.

Los números de aquella sesión fueron elocuentes:

  • Alexander Wurz (McLaren): 1:21.411

  • Christijan Albers (Compañero en Minardi): 1:27.540

  • Chanoch Nissany (Minardi): 1:34.319

Casi 13 segundos más lento que el líder y a casi 7 segundos de su compañero de equipo.

El momento culminante —y anecdótico— llegó vía radio. Nissany comunicó a boxes: "¡Chicos, voy a entrar, tengo demasiado agarre!". Poco después, a 17 minutos del final, su monoplaza terminó en la leca. No pudo sacarlo. La imagen de la grúa retirando el Minardi con el piloto aún dentro del habitáculo quedó grabada como el símbolo de un sueño que había tocado su techo técnico.

El legado: "Una cuestión mental"

Pese a las críticas y a las risas socarronas del paddock (el propio Schumacher admitió no tener idea de quién era), Nissany se fue con la frente en alto. "Solo soy una historia especial de una persona normal. Quería demostrar que incluso a los 38 años, si decides hacer algo, puedes hacerlo. Solo es una cuestión mental", declaró tiempo después.

Hoy, la historia de Nissany es irrepetible. Las actuales normas de la Superlicencia, que exigen sumar 40 puntos en categorías inferiores durante tres años, hacen imposible que un "amateur" con presupuesto llegue a una práctica oficial de F1.

El apellido Nissany, sin embargo, continuó ligado a la Máxima. Su hijo Roy, guiado por la experiencia de su padre, llegó a ser piloto de pruebas de Williams en 2020, mostrando un nivel mucho más competitivo. "Yo nunca tuve su talento. Solo tenía el poder mental", reconoció Chanoch.

Para el mundo, fue una curiosidad estadística. Para aquel hombre que miraba la carrera desde la tribuna en 2001, fue la prueba de que, a veces, los sueños se compran, se trabajan y, contra todo pronóstico, se cumplen.