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Miércoles, 4 Febrero 2026
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El cerebro detrás del éxito de la Fórmula 1 y una herida que no cierra: la confesión de Adrian Newey sobre la muerte de Ayrton Senna
Es el actual jefe de equipo de Aston Martin y el diseñador más laureado en los 76 años de historia de la Máxima. Sin embargo, detrás de sus 26 títulos mundiales, el ingeniero británico convive con el fantasma de Imola 1994. El fallo aerodinámico del Williams, el juicio en Italia y la frase que define su tormento: "Me sentiré siempre responsable, pero no culpable".
Miercoles, 04 de Febrero del 2026 - 16:20 hs.
El cerebro detrás del éxito de la Fórmula 1 y una herida que no cierra: la confesión de Adrian Newey sobre la muerte de Ayrton Senna

Camina por los boxes y su presencia impone un respeto casi religioso. En este 2026, Adrian Newey no es solo el diseñador que se incorporó a Aston Martin a finales de 2024 para gestar el coche actual; es el oráculo de la Fórmula 1. Su currículum es intachable: creador de máquinas campeonas para Williams, McLaren y Red Bull, y artífice de la hegemonía de pilotos como Nigel Mansell, Alain Prost, Sebastian Vettel y Max Verstappen.

Sin embargo, el hombre que hoy dirige los destinos de la escudería verde arrastra una sombra que ningún trofeo ha podido disipar: el accidente fatal de Ayrton Senna el 1 de mayo de 1994.

La transición maldita del FW16

Para entender el calvario de Newey, hay que remontarse a la prohibición de la suspensión activa a finales de 1993. Esa tecnología había sido la clave del dominio de Williams, y su eliminación dejó al equipo técnico —liderado por Patrick Head y el propio Newey— ante un desafío monumental: rediseñar el concepto del auto.

El resultado fue el Williams FW16, un monoplaza que nació con defectos de origen. "Metí la pata en la transición entre la suspensión activa y la vuelta a la suspensión pasiva, y diseñé un coche que era aerodinámicamente inestable", confesó Newey en su autobiografía 'Cómo construir un auto'.

La llegada de Senna al equipo, tras la salida de su archirrival Alain Prost, elevó la vara de exigencia. Pero el brasileño se encontró con un auto impredecible. Tanto él como su compañero Damon Hill reportaban que el vehículo era incontrolable en circuitos ondulados. "Ayrton intentaba hacer cosas que no se podían hacer. Y de hecho no fue capaz", admitió el ingeniero.

La columna de dirección y el error de diseño

La tragedia de Imola se centró judicial y mediáticamente en la rotura de la columna de dirección. Ayrton, incómodo en el habitáculo estrecho del Williams, había solicitado modificaciones. Newey ideó un cambio en la columna para evitar que el piloto golpeara sus nudillos, una soldadura que, tras el accidente, apareció rota.

Sin embargo, el análisis técnico de Newey difiere de la hipótesis fiscal italiana que lo llevó al banquillo de los acusados por homicidio involuntario (del cual fue absuelto en 1997). Según el ingeniero, los datos de telemetría y las imágenes sugieren que el auto no sufrió un subviraje (compatible con la rotura de dirección), sino un sobreviraje: la cola del auto se perdió, lo que indica un fallo aerodinámico, no mecánico.

"De lo que me siento más culpable no es de que un posible fallo de la columna de dirección fuera la causa... sino porque fallé en la aerodinámica", explicó. Newey reveló que, en pruebas posteriores, descubrieron que el flujo de aire se separaba en los pontones laterales, "ahogando" el difusor y desestabilizando el coche.

"Semanas oscuras"

El impacto emocional fue devastador. Newey confesó que perdió el pelo tras el accidente y consideró seriamente el retiro. "¿Queríamos estar involucrados en un deporte en el que un piloto podía morir en una máquina que habíamos diseñado?", se preguntó junto a Patrick Head en aquellos días.

La imagen de Newey quebrado en llanto en los boxes, captada por la transmisión de Fuji TV aquel domingo negro, es el testimonio gráfico de un dolor que transformó su carrera. Aunque la Justicia lo absolvió y la historia lo encumbró como el genio de la aerodinámica, la sentencia personal ya estaba dictada.

Hoy, mientras busca llevar a Aston Martin a la gloria, Adrian Newey sigue cargando con esa distinción semántica que lo perseguirá de por vida: la diferencia abismal entre no ser culpable ante la ley, y sentirse responsable ante la historia