La sede del PRO en Balcarce fue este miércoles el escenario de un movimiento cuidadosamente orquestado. Mauricio Macri reapareció en la primera línea política para encabezar un encuentro con la totalidad de los candidatos de su espacio que competirán en las elecciones de octubre. La imagen buscó ser de unidad y propósito, un mensaje de fortaleza interna en un contexto donde las grietas con La Libertad Avanza (LLA) son evidentes y las críticas dentro de su propio bloque ya no se disimulan.
Antes de ingresar al salón donde lo esperaban figuras como Cristian Ritondo, Diego Santilli y Fernando de Andreis, Macri se detuvo frente a los periodistas. Su tono fue el de un estadista precavido. "Es un momento para ser muy prudentes", lanzó, en lo que sonó como un guiño a la turbulencia cambiaria que sacude al Gobierno. Acto seguido, deslizó un principio que lo distancia de la lógica de la grieta: "Nunca fui de los que creyeron que ‘cuanto peor, mejor’".
Esa prudencia no oculta la fría realidad de su relación con el inquilino de Olivos. Consultado específicamente sobre si está dispuesto a reunirse con Javier Milei, su respuesta fue clara y dejó en evidencia la profundidad del distanciamiento: "Sí, hace más de un año que no hablamos ni lo veo, pero yo siempre a disposición de ayudar". Una oferta de diálogo que suena más a gesto protocolario que a un acercamiento genuino, en un día donde su agenda estuvo centrada en su propia fuerza política.
El mensaje post-reunión lo dio Fernando de Andreis, quien intentó suavizar la percepción de ruptura con LLA: "Vía Congreso siempre hay diálogo; a nivel campaña también hay en algunos distritos. El PRO siempre está para colaborar". Sin embargo, esta narrativa de colaboración choca con la realidad de distritos como la Ciudad de Buenos Aires, donde la alianza es tensa y según fuentes del entorno de Jorge Macri, los términos fueron aceptados a regañadientes: "Los términos del acuerdo estaban claros: los dos candidatos nuestros en lugares marginales a cambio de un poco de paz".
La sombra de la interna y el eco de Washington
La reunión no estaba planteada para saldar disputas internas, como el acalorado cruce la semana pasada entre Ritondo y Silvia Lospennato, pero la tensión ideológica flota en el ambiente. Mientras Macri intenta cohesionar su espacio, la ministra Patricia Bullrich insiste públicamente en tender puentes más sólidos con el Gobierno, una postura que genera escepticismo en el ala más macrista del PRO.
En su segunda declaración, ya terminado el encuentro, Macri amplió el foco. "La idea es llevar las ideas del cambio, en las que siempre hemos creído", afirmó, delineando una campaña con sello propio. Sobre el Gobierno, eligió elogiar al equipo económico de Milei –"tiene un equipo que entiende cómo sortear esta dificultad"– pero el apoyo más contundente lo reservó para el respaldo internacional. Calificó el anuncio de ayuda financiera de los Estados Unidos como "muy impresionante" y "una tranquilidad para poder trabajar".
Este respaldo de la administración Trump, que Milei busca cerrar en una próxima reunión, parece ser, para Macri, un activo demasiado valioso como para opacarlo con críticas abiertas. Su reaparición de hoy fue un ejercicio de equilibrio: fortalecer al PRO como una fuerza autónoma, sin romper del todo con un Gobierno del que es socio electoral renuente, en un año donde la volatilidad económica y política no da tregua