Basílica de San Pedro

El día que un geólogo húngaro dañó una de las obras más importantes de Miguel Ángel

Sábado, 29 de Noviembre del 2025 - 08:00 hs.

21 de mayo de 1972. Basílica de San Pedro, Roma.

El murmullo de los turistas se interrumpe de golpe.

A las 11:30 de la mañana, un visitante parece uno más.

Camina, observa, respira el aire sagrado del templo.

Pero su calma es solo superficie.

El geólogo húngaro-australiano László Tóth cruza la balaustrada con un salto que nadie alcanza a comprender.

En su mano, un mazo de cinco kilos.

En su mirada, una convicción que nadie comparte.

Se abalanza sobre La Pietá —el mármol más delicado tallado por Miguel Ángel— y golpea.

Golpea la cabeza de María.

Golpea el rostro, los brazos.

La multitud grita, corre, intenta detenerlo, pero él sigue.

Mientras destruye la obra, grita en italiano:

«¡Cristo ha resucitado! ¡Yo soy el Cristo!»

La escena se vuelve caos.

Los visitantes, horrorizados, quieren lincharlo; los guardias logran sacarlo antes de que la furia colectiva haga lo mismo que él hizo con el mármol.

Tóth no enfrentó juicio.

Fue declarado enfermo mental y enviado a un hospital psiquiátrico.

Más tarde regresó a Australia, mientras en Roma quedaban los restos de una madre sin nariz, sin párpado, sin brazo.

El daño era brutal: más de cincuenta fragmentos desprendidos de la escultura.

Labores de restauración comenzaron casi de inmediato.

Fragmento por fragmento, polvo con polvo, la Virgen renació.

No por milagro, sino por manos humanas que se negaron a dejar morir la belleza.

Desde aquel día, La Pietà vive tras un cristal antibalas.

No como una reliquia distante, sino como una herida que aprendió a no romperse de nuevo.

Fuente: Datos Históricos