El goleador que Junín vio renacer: la historia de Franco Fagúndez en la cima de la Primera Nacional
La Primera Nacional tiene un nuevo protagonista excluyente en lo más alto de la tabla de artilleros: el uruguayo Franco Fagúndez. El atacante de Deportivo Morón transita una temporada consagratoria y se erige como la gran revelación del campeonato, acumulando 14 goles y 8 asistencias en 31 presentaciones. Su contundencia en el área resulta vital para sostener al «Gallito» en la segunda colocación de la Zona A con 55 puntos, peleando el ascenso palmo a palmo.
Para el público juninense, el apellido Fagúndez no pasa desapercibido. Nacido en Paysandú el 14 de diciembre de 1998, la carrera de este delantero zurdo es sinónimo de resiliencia. Tras un paso por las juveniles de Nacional de Uruguay, recaló en la Reserva de Sarmiento de Junín, donde una dura lesión puso en pausa su progresión. Sin embargo, su renacer futbolístico se gestó en el ámbito local: brilló en la Liga Deportiva del Oeste vistiendo la camiseta de River Plate de Junín, club con el que se coronó campeón y máximo goleador.
Ese nivel superlativo en la ciudad le abrió las puertas del Torneo Federal A. Sumó experiencia en Sportivo Peñarol de San Juan y dejó su marca en la región jugando para El Linqueño, donde anotó seis tantos en once encuentros. Su eficacia lo catapultó a la Primera Nacional con Estudiantes de Buenos Aires en 2023, y luego a la máxima categoría con Deportivo Riestra, donde disputó dos encuentros antes de llegar a préstamo a Morón para destrabar definitivamente todo su potencial ofensivo.
El salto de Fagúndez está atravesado por una historia de camaradería que resalta las dificultades del ascenso. Antes de consolidarse como la pesadilla de las defensas rivales, el delantero disputó un amistoso a puertas cerradas frente a Boca Juniors. Allí se cruzó con Miguel Merentiel, con quien comparte sus raíces en Paysandú. Al conocer su presente, la «Bestia» intentó regalarle un par de botines, pero al no coincidir el talle, terminó entregándole su indumentaria completa de entrenamiento.
La secuencia tuvo un capítulo más. Instantes después se sumó a la charla Marcelo Saracchi, otro oriundo del mismo pueblo charrúa. Cuando el lateral supo que Fagúndez solo contaba con un único par de botines para entrenar y jugar los fines de semana, fue directo al vestuario y regresó con dos pares nuevos de su medida exacta. Hoy, calzando los botines que le brindó la generosidad de sus compatriotas y con el temple forjado en las canchas de Junín, el atacante rompe redes y sueña a lo grande en la segunda categoría del fútbol argentino.