Golpe mundial y cachetazo a la historia: Noruega eliminó a Brasil con su propia receta y lo mandó a casa sin escalas
¿Se acuerdan del Brasil al que le gustaba tener la pelota? ¿Ese que hacía un culto a su buen pie? ¿El de las sociedades fantasistas y el fútbol total como religión? La modernidad se llevó puesto todo eso. Hoy, este Scratch juega, gana y pierde con otra fórmula. Lo acontecido en el MetLife Stadium de New Jersey ante 70 mil personas fue un verdadero cachetazo a la historia: un 2-1 que mandó a la Canarinha de regreso a Río de Janeiro demasiado pronto, desnudando la crisis de un gigante que rifó su identidad.
Acaso nadie se imaginaba en la previa que Noruega podía duplicar a Brasil en los porcentajes de posesión. Nadie imaginaba a los noruegos tocando para un lado y para el otro, yendo a buscar más, ni que Erling Haaland demostrara que es mucho más que pura potencia. Carlo Ancelotti apostó a una verticalidad indiscutible que tiene como plus a Vinicius: esperar y acelerar a mil por hora. Pero esta vez, la moneda cayó del lado equivocado.
El VAR, un penal errado y el factor NylandLos noruegos se hicieron cargo de un rol inesperado para otros tiempos. Martin Ødegaard y Patrick Berg aceptaron la invitación y se adueñaron de la bocha. Antonio Nusa y Alexander Sørloth rompían líneas por los extremos, mientras Haaland era, al principio, solo una amenaza silenciosa (pasó media hora sin tocarla).
Tan abiertos estaban los noruegos que, ante el primer error, Brasil lastimó. Matheus Cunha aceleró y Andreas Hanche-Olsen (Wolfe) se lo llevó puesto. Menos el árbitro, todo el estadio vio el penal que finalmente otorgó el VAR. Allí emergió la figura de la cancha: el arquero Ørjan Nyland. Habrá que revisar la estadística, pero jugador que se frena y repiquetea antes de patear, si no se llama Neymar, parece errar más seguido. Bruno Guimarães lo confirmó y falló desde los doce pasos.
A partir de ahí, Noruega sumó impulso. Le metieron motor al medio y Alisson empezó a sufrir los mismos desajustes defensivos que Brasil ya había padecido ante Marruecos. El calor sofocante también jugó su partido en el inicio del segundo tiempo, obligando a los técnicos a mover el banco.
El ingreso de Neymar en el complemento era una promesa de pausa y creación. Quedó solo en eso: una promesa. Ni los destellos de Endrick o Rayan pudieron vencer a un Nyland indomable, que tapó hasta las que le tiraron sus propios compañeros.
El nocaut del "animal" y el pecado de abandonar el ADNIrrespetuosos de pies a cabeza, a los noruegos les importó nada la camiseta del pentacampeón. Siguieron buscando el partido, especialmente por el sector del flojo Danilo, hasta que llegó el golpe letal.
El premio para Noruega fue seguir intentando, no refugiarse, tocar y tocar; justamente como manda la historia de... Brasil. Entre tanta posesión, ese animal de la naturaleza llamado Erling Haaland mostró que sabe cuándo y cómo hacer otra cosa que no sea cabecear. Con un zurdazo bajo y a mil por hora, metió la piña de nocaut que faltaba. El penal sobre el final solo sumó para la estadística y el consuelo de Neymar.
La victoria de Noruega fue justa, histórica y ejemplificante. El fútbol moderno no perdona las traiciones ideológicas: el precio por abandonar su propio ADN a los brasileños les costó, ni más ni menos, que la eliminación del Mundial.